La constante macabra o Cómo se desalienta a generaciones de alumnos

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https://books.google.es/books?id=zAEU5oilOMcC


Antibi hace una reflexión y se pregunta qué motiva a los estudiantes a aborrecer asignaturas como Matemáticas. Él es profesor de ingeniería e investigador de la docencia de las ciencias, y se ha dado cuenta de que en muchas ocasiones, en la gran mayoría, hay una serie de patrones que se repiten de profesor en profesor. Es lo que el llama la “constante macabra”, o cómo un profesor pone siempre las mismas notas, consciente o inconscientemente.
¿Las mismas notas siempre? Sí, siempre un porcentaje similar de suspensos, aprobados, notables y sobresalientes.
Pero esto… ¡Es absurdo! No, lo cierto es que es real. Y ocurre tanto en Educación Secundaria como en la universidad.
Razones por las que puede ocurrir esto:
Por estatus social en la comunidad docente. A menudo un profesor cree que su asignatura tiene más nivel si tiene un mayor número de suspensos. Incluso los alumnos asumen esto. Así, por tanto, es impensable que apruebe sólo un 50% la asignatura Educación Física, mientras que es asequible que esto pase en Física y Química.
Por presión de la comunidad docente. Un profesor de una asignatura afectada por al constante macabra no se permite el lujo de ir contra corriente y, al contrario que sus compañeros, aprobar a un porcentaje inusual de personas.
Por educación: el círculo vicioso. A menudo el docente se comporta con sus alumnos como se comportaron con él sus profesores cuando él mismo era un alumno. Por tanto, entra en un círculo vicioso del que es improbable salir. Sus alumnos algún día serán profesores cuyas referencias serán docentes como éste. Es análogo a lo que pasa con las novatadas (“si a mí me las hicieron, ¿por qué no las voy a hacer yo? ¡Es tradición!”).
Es interesante reflexionar sobre este tema y la repercusión que tiene sobre los alumnos. Antibi propone que prescindamos de la constante macabra. En realidad, una asignatura tiene una única finalidad: aprender. Sin embargo, esto es contradictorio con lo que averigua Antibi: que en una mayoría de casos las notas se reparten.
¿Y si hay una clase con alumnos excepcionales? La constante macabra aparecerá y hará de las suyas. El reparto de notas acabará con la motivación de muchos alumnos potencialmente brillantes. ¿Y si hay una clase con alumnos horribles? ¿Se atreverá el profesor a suspenderlos a todos? Nuevamente, en una mayoría de casos, no. El reparto se mantiene. Por eso se llama constante macabra.
Seguramente, muchos de los que lean esto se sorprendan. Otros se darán cuenta de que han sido víctimas de la constante macabra toda su vida académica. Y no pretendo con esto decir que la solución es aprobar a discreción, sino dedicarnos por completo a enseñar de forma justa. Proponer una serie de pasos para aprobar, conocidos por el alumnado a priori, y actuar en consecuencia. El libro de Antibi ofrece casos demoledores: profesores que, viendo que tienen buenos alumnos, ponen preguntas más difíciles. Otros que plantean problemas irrealizables o extremadamente largos. Profesores que realizan malabarismos para mantener su porcentaje de suspensos invariable. Escalofriante, pero cierto.


Yizeh Castejón. https://anexa.biz/anexos/la-constante-macabra/


Un grupo de profesores franceses y españoles, pertenecientes todos a la Universidad de Santiago de Compostela, están experimentando con sus alumnos un método para paliar el efecto de la "constante macabra", lo que ellos denominan "sistema de evaluación por contrato de confianza". Con este método, una semana antes del examen, el profesor selecciona una serie de cuestiones que resumen la materia de la asignatura y entrega una lista a los alumnos, con la advertencia de que las preguntas del examen saldrán de esa lista. Podría parecer que con esto se le está regalando el aprobado al alumno y que tendría un efecto negativo sobre su rendimiento. Los resultados del experimento dicen, sin embargo, lo contrario. Los alumnos trabajan más antes del examen para comprender cuestiones que se le plantean en clase --a veces más difíciles que las de la lista--, porque saben que, entre ellas, está el contenido de su prueba.
Esos resultados positivos no quieren decir que con este método vayan a eliminarse los suspensos; en realidad, sigue habiendo alumnos que no llegan al cinco. La diferencia radica en el hecho de que estos suspensos ya no se pueden calificar de artificiales, aparte de que el profesor puede así detectar la causa del fracaso escolar


Miguel Aguilar. https://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/constante-macabra_227091.html

Judging Books by Their Covers

In 1964 the eminent physicist Richard Feynman served on the State of California’s Curriculum Commission and saw how the Commission chose math textbooks for use in California’s public schools. In his acerbic memoir of that experience, titled «Judging Books by Their Covers,» Feynman analyzed the Commission’s idiotic method of evaluating books, and he described some of the tactics employed by schoolbook salesmen who wanted the Commission to adopt their shoddy products. «Judging Books by Their Covers» appeared as a chapter in «Surely You’re Joking, Mr. Feynman!» — Feynman’s autobiographical book that was published in 1985 by W.W. Norton & Company. To introduce a series of articles about corruption in schoolbookadoption proceedings, we present here (with permission from W.W. Norton & Company) an extended excerpt from Feynman’s narrative. As our «Annals of Corruption» series unfolds, readers will see that Feynman’s account is as timely now as it was when he wrote it. State adoption proceedings still are pervaded by sham, malfeasance and ludicrous incompetence, and they still reflect cozy connections between state agencies and schoolbook companies.

Fuente: https://www.flickr.com/photos/14173478@N07/2310558614

¿Quién prepara a los futuros maestros?

El otro día un alumno de primero de Magisterio me preguntó cómo podía ser que ninguno de sus profesores de la Facultad hubiera nunca impartido clase en Infantil o Primaria y, en cambio, pudiera formar a esos maestros que, en un futuro, iban a impartir clase en esas etapas educativas. Le supuso un shock entrar en la Universidad, consultar los perfiles de sus profesores y ver cómo no tenían ningún tipo de experiencia real en lo que estaban impartiendo. […]

Realmente es una situación muy compleja la que sucede en determinadas Facultades. No es habitual en Medicina, por ejemplo, encontrarte profesorado universitario que no haya practicado la medicina pero, sí que es habitual encontrarte lo anterior, entre otras porque no es un caso excepcional, en las Facultades de Magisterio. Por tanto, ¿qué es lo que pasa para que, por desgracia, la única visión real del aula la tengan los maestros cuando empiezan a trabajar como tales? ¿Por qué la Facultad se basa en contenidos teóricos y, por desgracia, sin aportaciones reales más allá de algún «invitado» puntual? ¿Por qué se permite que, una profesión tan importante como la de maestro no tenga fundamentalmente maestros que combinen aula de Infantil o Primaria con la docencia universitaria? ¿Por qué, en caso de existir esa figura, son los menos en las plantillas? Sí, hay muchas preguntas que pueden/deben realizarse.

Reconozco que si a mí me pidieran formar a futuros docentes de Secundaria tendría muchas dudas de cómo hacerlo. Reconozco mis limitaciones en poder incorporar una base teórica sólida pero, lo que sería innegable es que, cómo mínimo, se podría aportar la experiencia profesional. No discuto que pueda ser un buen o mal docente, lo que sí tengo claro es que al haber trabajado en el aula, podría aportar algún tipo de cuestiones más prácticas porque, al final, lo que interesa al futuro docente (sea de la etapa que sea) es que la persona que tiene delante le hable de experiencias reales. Y qué mejor que hablar de las propias porque, para hablar de las de terceros, ya tenemos los libros que pueden estudiarse. Lo que un futuro docente quiere saber es qué va a encontrarse y cómo va a poder gestionarlo. Lo demás, debería ser una base necesaria pero no el núcleo de su formación. Porque si planteamos, tal como está actualmente, que el maestro aprenda a trabajar cuando esté en el aula nos estamos equivocando.


https://www.xarxatic.com/quien-prepara-a-los-futuros-maestros/