Cisleitania

Puesto que en Cisleitania no existía una lengua oficial (al contrario que en el Reino de Hungría), no había una única lengua oficial en los procedimientos parlamentarios. Alemán, checo, polaco, rutenio, croata, serbio, esloveno, italiano, rumano y ruso, todos estaban permitidos. Pero no se proporcionaban intérpretes, y no había instalaciones para grabar o controlar el contenido de los discursos que no estuvieran en alemán, a menos que el diputado en cuestión optara por suministrar a la cámara una traducción de su discurso. De este modo, incluso los diputados de las facciones más insignificantes podían bloquear iniciativas inoportunas pronunciando discursos en un idioma que solo comprendía un puñado de colegas. Era difícil determinar si realmente abordaban los asuntos planteados por la moción que se estaba discutiendo en ese momento, o simplemente recitaban largos poemas en su propio idioma nacional. Los checos en particular eran famosos por practicar el obstruccionismo en exceso. El parlamento de Cisleitania se convirtió en una célebre atracción turística, sobre todo en invierno, cuando los hedonistas se apiñaban en las galerías de visitantes climatizadas. Un periodista de Berlín comentó con ironía que al contrario que los teatros y óperas de la ciudad, la entrada a las sesiones parlamentarias era gratis.

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[Sonámbulos]